Artesanía en fibra

La artesanía en fibra vegetal, en tanto elaboración de objetos y/o productos que portan los conocimientos heredados y transmitidos, se inscribe dentro del ámbito del Patrimonio cultural inmaterial denominado Técnicas artesanales tradicionales, ya que esta práctica está relacionada con un universo técnico que para su reproducción necesita saberes adquiridos y transmitidos desde los antiguos o desde los primeros portadores, sean personas naturales o comunidades de práctica.

Las fibras textiles comprenden un amplio espectro de sustratos y materialidades; de origen vegetal (algodón, lino, yute, cáñamo), animal (oveja, alpaca, vicuña) o artificial. Antes de ser tejidas, deben someterse a una serie de procesos que necesitan de espacios y estructuras de apoyo: los husos o ruecas para hilar; telares verticales, horizontales, de cintura, de pedal para tejer, además de palillos o crochet; instrumentos e insumos para teñir, estampar, bordar y aplicar todas aquellas técnicas decorativas que son posibles.

La artesanía textil es, quizás, una de las más complejas de ejecutar ya que requiere de un conocimiento y nivel de oficio avanzado para lograr resultados satisfactorios. Éste se obtiene la mayoría de las veces, por traspaso generacional dentro de las familias de los tejedores. Por esta razón, más allá de las propuestas formales, es muy importante el valor de la experiencia por su relación con la cultura que le dio origen.

El recurso textil es abundante a lo largo del país y las artesanías asociadas se presentan en todo el territorio con características distintas y, aunque es una actividad eminentemente femenina, existen excepciones de tejedores hombres, especialmente en telares a pedal de tradición hispana.

En el norte del país destacan los tejidos de la cultura aymara, pueblos que habitan el altiplano de la región de Tarapacá y que conservan la tradición andina. Sus diseños se han mantenido a lo largo del tiempo, especialmente aquellos que utilizan los campos de color y las franjas listadas por sobre la iconografía. Las prendas que realizan cumplen funciones prácticas como bienes de uso, ceremoniales o de intercambio; destacan las talegas, costales, sogas, fajas, ponchos, llijllas, inkuñas.
La materia prima principal es de origen animal (alpaca, llama y vicuña), aunque desde los comienzos del siglo XX se incorporó el uso de fibras sintéticas que son torcidas y tejidas junto a las naturales. En la mayoría de las piezas, se conservan las técnicas tradicionales de trenzado, en el caso de las sogas; el tejido de faz de urdimbre y de urdimbre complementaria en telares de cintura y horizontales de cuatro estacas.

Existe también el telar de cuatro lisos introducido por los conquistadores españoles y utilizado por los hombres para tejer telas que se utilizan tradicionalmente en prendas de vestir. Esta oferta está acompañada por una nueva producción de objetos tejidos a telar y teñidos con la técnica de reserva por amarra. Chales, ruanas y bufandas de alpaca se comercializan en el país y son usados como complementos de vestir por mujeres urbanas.

Al interior del Valle del Elqui, en la región de Coquimbo, se encuentra Chapilca, poblado que cuenta con una tradición textil que adaptó el telar horizontal indígena a la usanza hispánica de la acción de pedales. La producción artesanal de Chapilca se caracteriza por piezas en tejido plano de colores muy intensos y saturados que se combinan en franjas verticales y que son utilizadas para la producción de maletas, alforjas, ponchos, jergones en lana de oveja, la que se adquiere fuera de la localidad.

La tradición textil en la isla de Rapa Nui tiene características particulares y está relacionada a la vestimenta tradicional y al uso de fibras vegetales que privilegian la textura por sobre el uso del color. A partir de la corteza del mahute, se obtiene una superficie pareja y delgada la que luego de raspar y golpear se convierte en una especie de fieltro abatanado. Por otra parte el uso de plumas, semillas y conchas en tocados y collares, dan cuenta de una serie de complementos y accesorios textiles que aún hoy siguen vigentes a disposición de la comunidad y el turista.

En la zona central, desde la región de Valparaíso al sur, se combina la tradición textil campesina con aquellas manifestaciones urbanas como los bordados o arpilleras que forman parte de la cultura local. Es así como en la localidad de Valle Hermoso, ubicada muy cerca de La Ligua en la V región, habitan familias completas de tejedores, casi todos varones, que trabajan en telares horizontales a pedal haciendo mantas, chales o telas para confeccionar artículos para el hogar con lanas de fibra artificial, combinando texturas y colores según la demanda y la temporada.

En Doñihue, región del Libertador Bernardo O’Higgins, se elabora el chamanto, prenda exclusiva de la localidad con la que se engalana el huaso en los rodeos y las fiestas religiosas. Desde los años 40 se usa como materia prima el algodón mercerizado –que tiene como nombre comercial “hilo chamantero” – en representaciones del entorno natural como espigas, guías de parra, copihues, pensamientos, fucsias y pájaros. El chamanto es una manta corta, tejida en un telar vertical estacado al suelo, con la técnica de doble faz de urdimbre que produce un efecto positivo-negativo en ambas caras del tejido y que pueden ser usados como “derecho”.

Otra expresión tradicional de tejido a telar se encuentra en Quinamávida, cerca de Linares, región del Maule. El proceso de producción incluye desde la esquila, la hilatura, hasta el tejido a telar de tradición mapuche (vertical de cuatro palos). Son mantas, frazadas y ponchos de tejido grueso donde predomina la urdimbre listada, en los que se combinan mayoritariamente los colores de la lana natural, aunque actualmente las artesanas han incorporado también el teñido artificial dotando a sus productos de vivos colores.

Dentro de las expresiones urbanas destacan Las Bordadoras de Macul, que nacen alrededor de 1970 en la comuna del mismo nombre. Un grupo de mujeres se reúne y se inspira en los tapices de Violeta Parra para realizar tapices bordados con lana, llenos de colorido que cuentan acerca de historias y recuerdos de lo cotidiano. Lo que empezó como una actividad recreativa, hoy complementa el ingreso de cerca de 120 familias y forma parte de la actividad artesanal de la región Metropolitana. El origen de las arpilleras se remonta a después del año 1973, cuando madres, esposas y hermanas de detenidos desaparecidos relatan en arpilleras, la búsqueda de sus familiares. Estas piezas se elaboran en centros urbanos, usando de base una tela de saco harinero en la que se sobreponen figuras recortadas en tela, lanas, bordados y otros materiales y donde hoy se relatan escenas del entorno cotidiano de la ciudad, con un carácter social.

La tradición textil mapuche constituye un ámbito privilegiado donde se reproducen valores culturales y estéticos. Las prendas que son tejidas por mujeres, constituyen un medio artístico en la representación cultural mapuche y permanecen vigentes porque expresan tradiciones y valores fundamentales para este pueblo que hoy vive a lo largo del país en medios urbanos y rurales. La tejedora mapuche usa un telar vertical de cuatro palos para tejer artefactos para el vestuario, artefactos para la casa o artefactos para el caballo (mantas, fajas, frazadas o peleros) con la técnica de urdimbre y aplicando diseños que pueden incorporar figuras o solamente franjas de color. La materia prima principal es la lana de oveja que se usa natural o teñida con colorantes vegetales y naturales. Dentro de las modalidades expresivas más importantes destacan: ñimin, donde el adorno se construye a partir del tejido; trarün, donde los dibujos y diseños se realizan por el teñido de los hilos de urdimbre antes de tejer; wirin, que se expresa a través de la luz y el color dispuesto en “listas”.

En la isla de Chiloé, la artesanía textil tiene distintas expresiones, por una parte está la tradición del tejido a telar con cierta influencia mapuche o huilliche; en telares de suelo o kelgwo se tejen alfombras, frazadas o choapinos. Por otro lado el tejido a palillo en complementos de vestir y chombas se ha transformado en un producto típico y disponible en todos los mercados y ferias. Los diseños y colores son variados, pero se caracterizan por ser prendas bastante gruesas por las características del hilado.

Referencia bibliográfica
Servicio de Cooperación Técnica. Sercotec, Pontificia Universidad Católica de Chile. Programa de Artesanía, Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Programa Artesanía. Artesanía, Nuestra Cultura Viva. Obtenido de http://chileartesania.cultura.gob.cl/archivos/documentos/08fd2c4a51.pdf

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