Baile Chino

El Baile Chino es un tipo de cofradía o hermandad de músicos danzantes que expresa su fe o devoción, a través de promesas o mandas que se cumplen mediante la participación en un cuerpo de bailes que hace música la música y danza rituales, en el contexto de ceremoniales llamados "Fiestas de Chinos". Estas festividades por lo general congregan bailes de distintos poblados y comarcas en una misma localidad, para celebrar o conmemorar una determinada fecha del calendario litúrgico. Un Baile Chino habitualmente está compuesto por dos columnas contrapuestas de chinos que tocan flauta, uno o más chinos que tocan tambor, un alférez o abanderado. El alférez es quien se encarga de transmitir, a través de un canto improvisado en décimas, los deseos e inquietudes de su gente a la imagen venerada.

Aunque la tradición de los Chinos presenta una gran uniformidad a lo largo del territorio que abarca, -desde Valparaíso hasta La Serena (e incluso hasta el Norte Grande donde llegaron con el auge salitrero)-, destacan algunas diferencias propias del ámbito cultural de cada región. Por una parte, en el Norte Chico, donde la tradición de los Chinos se extiende desde el norte de Petorca hasta Copiapó, los bailes son de origen minero, con un alto índice de componente indígena, siendo su danza y su música de ritmos bastante simples y reposados. Por otra parte, hacia el sur, en la zona que comprende las cuencas de Petorca y del Aconcagua y las caletas del litoral, los bailes están compuestos esencialmente por pescadores y campesinos, quienes ejecutan un baile mucho más enérgico donde el sonido de las flautas suele ser más fuerte y vivaz. Pese a estas distinciones, todos los Bailes Chinos se reconocen como miembros de una antigua tradición originaria de Chile, de ahí que en las grandes fiestas religiosas, como La Tirana, La Candelaria de Copiapó y Andacollo, sean ellos quienes tengan el privilegio de portar el anda de la Virgen durante la procesión. Los actuales rituales de Chinos se inscriben dentro del esquema litúrgico católico. Sin embargo, en muchos aspectos de orden estético, credencial y formal, se revela el remanente de antiguas prácticas rituales prehispánicas. En efecto, ya el nombre chino nos habla de su ancestro indígena. El vocablo Chino deviene de la voz quechua que significa servidor, se entiende así que los chinos son servidores de las deidades locales representadas en las imágenes sagradas que se ofician como patronas de cada pueblo. Los antecedentes arqueológicos también apuntan en esta dirección. El hallazgo de una flauta de piedra perteneciente al Complejo Aconcagua (900-1450 d.C) con rasgos similares a las actuales flautas de Chinos, señalaría una posible vinculación entre este instrumento y los rituales ejecutados por las poblaciones prehispánicas que habitaban el Valle Central de Chile. No obstante, el primer documento histórico que menciona la existencia de un Baile Chino, data de 1584, cuando se funda el primer Baile Chino de Andacollo. Al mismo tiempo, ciertos elementos como el canto del alférez, las Sagradas Escrituras, la institución católica, sus imágenes sagradas y su calendario ritual, corresponden a un legado hispánico, lo que dificulta aún más la posibilidad de establecer un origen exacto para esta tradición. Los bailes chinos han experimentado modificaciones adaptativas, según sea la zona o región donde pertenezcan. Una de las modificaciones más destacadas la hallamos en Copiapó, en los bailes chinos N° 3 y N° 4 de la Virgen de la Candelaria. Estos bailes están conformados exclusivamente por mujeres y en ellos se toca solo flauta, quedando marginado el uso del tambor. Este hecho define una singularidad propia y distintiva, entre los bailes chinos de Copiapó.

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