José Domingo Contreras Valdivia
Quellón, Los Lagos

Domingo Contreras Valdivia, nació el año 1965 en la localidad de Curahue en la Isla de Chiloé, Región de Los Lagos. En el seno de una familia compuesta por sus padres y nueve hermanos, siete hombres y dos mujeres, estuvo relacionado con el mar y la navegación desde temprana edad, ya que su padre y tíos eran carpinteros de ribera y su abuelo había sido navegante y comerciante, recorriendo en embarcaciones a vela de Punta Arenas a Chiloé. De esta forma, Domingo estudio hasta la educación básica y posteriormente se dedico a trabajar junto con sus hermanos a ayudar a su padre en la construcción de embarcaciones, donde inició su aprendizaje en el oficio.

A la edad de ocho años ya se encontraba desarrollando labores de apoyo a la recolección de madera, se internaba con su padre y hermanos, en el monte a cortar madera y la bajaban con bueyes hasta que su padre pudo adquirir un pequeño camión. Utilizaban Coigüe y Tenío para la estructura de la embarcación, mientras para el entable utilizaban Ciprés, que por lo general lo encargaban a otras personas por la zona de Miraflores. Luego fue adquiriendo la habilidad para el calafateo de la embarcación, como también para entables y clavar el casco. De tal forma, trabajando junto a su padre en su taller a orillas de la playa, Domingo aprendió todas las etapas y procedimientos para la realización de un bote o una lancha, desde la búsqueda del recurso, identificando las formas y curvas naturales de la madera, hasta los últimos detalles de cada embarcación. Junto con lo anterior, su padre también le transmitió la responsabilidad que debe tener todo carpintero de ribera, es decir, el entregar un producto bien terminado y de calidad. 

Posteriormente Domingo debió partir hacia Coyhaique donde realizó el Servicio Militar, tras lo cual tuvo la oportunidad de participar en un curso de construcción de ribera, en Puerto Cisnes, especializándose y mejorando las técnicas que ya conocía gracias a las enseñanzas de su padre. Tras dicha experiencia Domingo se embarga y se encuentra navegando durante ocho años, tras lo cual regresa a Chiloé, pero a la localidad de Quellón donde ingresó a trabajar aun astillero junto a dos de sus hermanos. En dicha localidad realizó embarcaciones más grandes, de doce a dieciocho metros, destinadas a labores de pesca. Ya estando casado, se estableció en Quellón, construyó su vivienda y luego de trabajar durante alrededor de ocho años en el astillero, se independizó, realizando embarcaciones por encargo. 

En la construcción de embarcaciones Domingo privilegió el uso de maderas provenientes de bosques viejos, específicamente de Ciprés por su resistencia y durabilidad, de Isla San Pedro, Colonia Yungay o Guaitecas para el entablado; y Coigüe, Mañío y Tenío para la estructura de la embarcación, que adquiría en la localidad de Dalcahue, tales maderas por sus características particulares le asegurar el poder entregar una producto de calidad. A la elección de la madera se le suma el obtenerla, cortarla o botarla en el periodo adecuado, es decir, cuando hubiese luna menguante, de lo contrario si se hacía en luna llena la madera se quebraría: “Porque en el momento, claro, va a caer, va a estar sanita, pero después del tiempo se va partiendo solo. Y lo otro cuando usted lo trabaja, en el momento al botarlo, se parte, se raja. Y si usted lo está moteando es peligroso, igual se abre de tiro y lo puede atropellar. Ha pasado eso. Que hemos cortado madera por una emergencia y nos ha pasado eso. Así que siempre hay que hacerlo en la menguante”. Así también estaba presente el calendario lunar en otros procesos, como la siembre, las mareas o incluso para saber en qué momento cortarse el cabello. 

El proceso de construcción de embarcaciones terminaba la tradición de la botadura de lancha “siempre las botas de lanchas eran muy lindas, porque había harta gente. Antes llegaba el armador y construía la lancha, y llegaba con toda su familia, amigos y todo, y mi papá igual allá. De ahí se compartían, alguien colocaba las bebidas, digamos que el vino igual, porque sin vino no participaba nadie”. Era como una minga, todos llevaban algo para compartir, era una experiencia grata. Domingo relata que, la gente tenía otra mentalidad y se realizaba como cada seis meses, ya que había harta demanda de construcción de embarcaciones en ese tiempo. 

En la actualidad Domingo continúa desempeñándose como carpintero de ribera, sin embargo, al igual que la mayoría de sus colegas, se ha enfrentado a una serie de dificultades para el desarrollo del oficio. Una de ella es la merma del recurso maderero, por ejemplo, el ciprés es muy escaso y además pesan sobre él diversas restricciones para su extracción. Así también enfrenta problemáticas en relación al acceso del borde costero, donde por años los carpinteros han instalado sus talleres, teniendo dificultades para el otorgamiento de permisos. Ambas situaciones que restringen el desarrollo de la carpintería de ribera tal como se conocía antes.

Frente a lo anterior, Domingo y su esposa integran una incipiente organización de carpinteros de ribera, que desde la asociatividad busca generar mejores condiciones para el desarrollo del oficio, como también rescatar el valor de la construcción de embarcaciones como parte de las tradiciones de la zona.

Domingo Contreras se encuentra en ejercicio del oficio, enfrentando las distintas dificultades mencionadas y organizándose con otros carpinteros de ribera. Tuvo la oportunidad de enseñarle a su hija algunas técnicas de la construcción de embarcaciones, por sobre todo iniciativa e interés de ella de aprender, sin embargo ella estudió una profesión del área de la salud.

  • Identificador SIGPA: CI3874
  • Fecha de registro: 10-11-2021
  • Tipo: Cultor individual
  • Género: Masculino
  • Comuna: Quellón
  • Region: Los Lagos
Ubicacion