Amalia Quilapi Huenul
Cañete, Bío Bío

Amalia Quilapi Huenul es una mujer mapuche que a lo largo de su vida ha conservado su lengua materna —mapuzungún—, junto con la filosofía y prácticas ancestrales de su pueblo. Nació en 1933 en la comunidad de Pullán, provincia de Arauco, donde creció en un contexto altamente marcado por las carencias, producto de la expropiación de tierras que sostenidamente ha padecido el pueblo mapuche desde fines del siglo XIX. Esta situación de precariedad, que doña Amalia recuerda con pesar y congoja, motivó sus primeras incursiones en el tejido del witral (telar vertical).

Reconocida por el dominio de la técnica tradicional de tejido en traricán, destaca además por realizar diversas actividades ancestrales mapuches, costumbres que aprendió por descendencia familiar y que practica desde muy pequeña, tales como: la narración de conocimientos y leyendas ancestrales; preservación de comidas mapuches; el habla de la lengua mapuche; entre otras, costumbres que ha mantenido fielmente a pesar de los años y ha ido traspasando estos conocimientos a sus descendientes con la intención de mantener viva su cultura.

El proceso del traricán es largo: va desde la cría y esquila de ovejas, preparación de la lana, su hilado, lavado, teñido, hasta la urdimbre y tejido. Ha sido transmitido de madres a hijas mapuches, heredando no solo el saber sino también las herramientas del hacer.

El tejido de la manta cacique fue aprendido por Amalia gracias a la enseñanza de su madre, María, machi que dedicaba parte de su tiempo al trabajo del traricán. En las comunidades mapuche se acostumbra que los niños participen desde temprana edad en los quehaceres del campo; por ende, Amalia muchas veces debió salir a recoger hierbas para los remedios de la madre curandera. Esta experiencia la fue acercando a los dones y conocimientos sobre las plantas y árboles nativos, los que luego trabajaría para dar color a sus tejidos.

Lo mismo aconteció con las herramientas que utiliza y guarda en su taller como legado de sus ancestros. Los ñirehue, por ejemplo, son instrumentos hechos con huesos de ballena, heredados de su madre que se conservan y transmiten en la familia. En este sentido, el traricán es un saber ancestral que une a muchas generaciones, indicando los elementos de la naturaleza que la cultura y sociedad mapuche han desarrollado desde tiempos inmemoriales.

Hoy, Amalia está enfocada en transmitir este conocimiento a sus hijas, a sus nietas, en su casa, museo o donde sea que la inviten. Ella no cesa en transmitir la importancia de resguardar uno de los patrimonios de la cultura mapuche, como es el traricán.

Reconocimiento Tesoros Humanos Vivos 2015


Amalia Quilapi Huenul fue distinguida como Tesoro Humano Vivo por su práctica ancestral del tejido del traricán. Actualmente tiene tres grandes preocupaciones: preservar el conocimiento del traricán, cultivar la mayor variedad posible de plantas que necesita para realizar los teñidos naturales y conservar los árboles nativos de su entorno inmediato. Este último desvelo surge de la devastadora acción de las empresas forestales sobre el bosque nativo.

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