La compañía artística se formó en el año 2001, hace más de veinte años, como respuesta a la necesidad de crear espacios escénicos que dialoguen con la realidad social y cultural de sus comunidades. Desde sus inicios, el teatro de títeres ha sido el eje expresivo y pedagógico que les ha permitido vincularse con públicos diversos, especialmente en contextos educativos y comunitarios.
Los miembros fundadores fueron Muriel Velázquez, artista plástica responsable del desarrollo estético de las obras; Mariela Fernández-Loyal, docente de Juegos Dramáticos, dramaturga, actriz y titiritera egresada de la Facultad de Arte de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires; y Cristian Núñez Gorigoytia, actor, titiritero, músico, licenciado en Artes Escénicas y Magíster en Neurociencias en la Educación.
Con el tiempo, el colectivo se ha ampliado y enriquecido con nuevas voces y distintos artistas que han pasado por él y siguen siendo amigos del alma. Actualmente, cuentan con Arantxa Gala Núñez Fernández en calidad de lambista y Madeleine Bernal Arias en producción. Como compañía, cuentan con una sólida experiencia en instituciones educativas y espacios culturales de Argentina y Chile.
Entre los hitos más relevantes se destacan: la creación de una línea de talleres con enfoque comunicacional y patrimonial; la consolidación de obras infantiles con estética cuidada y humor blanco; la incursión en el teatro lambe lambe con propuestas que abordan temáticas sensibles desde una perspectiva respetuosa; y la publicación de libros cartoneros como «JIKISXAÑA» y «Juancho el Chancho», ambos reconocidos internacionalmente y auspiciados por el Fondart Nacional del Libro y la Lectura. Cabe señalar que se trata de adaptaciones de obras de teatro y títeres a versiones literarias para la niñez.
Su trabajo en comunidades rurales y urbanas ha permitido documentar, preservar y revitalizar prácticas culturales locales, integrando el teatro de títeres como mediador entre generaciones, saberes y territorios.
El colectivo se caracteriza por su enfoque interdisciplinario, su compromiso ético y su vocación comunitaria.
El teatro de títeres, en sus diversas formas —teatrino, mesa, sombras, lambe lambe—, constituye el lenguaje central de sus propuestas, por su capacidad de generar empatía, facilitar la expresión simbólica y promover el diálogo intergeneracional.
Los criterios para integrar el grupo se vinculan con la coherencia ética, el respeto por la diversidad, la disposición al diálogo y la capacidad de sostener una estética sobria, cálida y significativa, tanto en la construcción de los títeres como en la puesta en escena. Se prioriza el trabajo en red, el vínculo con territorios y la creación de dispositivos escénicos que reconozcan y valoren la memoria colectiva.
.