Elizabeth Guzmán comenzó a trabajar profesionalmente en el teatro de títeres tradicional de su padre, Tito Guzmán, a los 13 años y continúa desarrollando esta práctica hasta la actualidad. A través de su trabajo, ha recorrido Chile de norte a sur y ha compartido sus títeres con públicos de Bolivia, Perú, Argentina, Ecuador, Colombia, Guatemala, El Salvador, México, España, Rumania y Austria.
Desde el año 2003 es presidenta de la Escuela de Teatro, Títeres y Folclor Itinerante, una organización cultural comunitaria en la que han participado y participan niños, jóvenes y adultos, quienes fabrican sus propios títeres, desarrollan sus puestas en escena y participan en actividades comunitarias y festivales de títeres.
Es heredera de la tradición del títere de guante fabricado con papel maché, técnica en la que se modela la cabeza del títere y cuyo vestuario se confecciona con tela. Escribe sus propios guiones y también recrea obras de títeres realizadas por su padre, Tito Guzmán, reconocido como Tesoro Humano Vivo en 2016. Asimismo, confecciona las escenografías y desarrolla las puestas en escena. Practica la autogestión para desarrollar el teatro tradicional de títeres y conserva sus cánones tradicionales.
Elizabeth Guzmán desarrolla esta práctica mediante la realización de obras de su autoría y de obras de Tito Guzmán, además de impartir talleres de papel maché, manipulación y puesta en escena. Su trabajo se desarrolla en escuelas, centros culturales, organizaciones gubernamentales, fundaciones y municipalidades, así como en festivales de teatro y de títeres, de acuerdo con sus respectivos calendarios de actividades culturales.
Considera indispensable que las y los cultores compartan y continúen desarrollando y practicando sus conocimientos, representando obras de teatro de títeres tradicionales que recojan el sentir de las vecinas, los vecinos y las personas que habitan un territorio, contribuyendo así a mantener y transmitir estos conocimientos y su legado a las futuras generaciones. En particular, destaca que el teatro de títeres permite que las personas, mediante materiales cotidianos, fabriquen sus propios elementos y desarrollen obras en las que expresan sus sentimientos, incorporan sucesos históricos y transmiten amor y poesía.
El teatro de títeres tradicional es practicado por familias de titiriteros y compañías de títeres que lo desarrollan mediante la autogestión y que, en muchos casos, lo han aprendido como parte de un legado. Para Elizabeth Guzmán, esta manifestación constituye un hecho que acontece y se desarrolla a través de diversas dimensiones socioculturales. Su práctica supone acceder y apartarse de determinadas conductas sociales, incorporando recursos como el uso de imágenes metafóricas y la alteración de espacios y tiempos. De este modo, los títeres hacen visible un discurso, una imagen y una voz generados mediante mecanismos alternativos de expresión frente a los medios institucionalizados de discurso.
Los títeres expresan la vida cotidiana, entendida como pequeña existencia, y el pensamiento espontáneo de las personas. En este sentido, la puesta en escena constituye una expresión concreta de cómo se desenvuelve el teatro de títeres tradicional dentro de la sociedad y de cómo esta lo recibe, lo celebra y lo replica.