Valeria Tapia Mansilla es profesora de Artes Visuales y desde siempre ha buscado nuevas formas de interrelacionar contenidos, habilidades y herramientas, considerando la experiencia como un espacio de encuentro con la experimentación, el error, el ensayo y los resultados inesperados. Esto le ha permitido generar nuevas interrogantes y profundizar en la búsqueda de encuentros y diálogos, tanto en la experiencia de creación artística como en la experiencia de apreciación estética. Así, los títeres contienen territorios previamente explorados, como el diseño de personajes, la creación dramática, la conciencia corporal, el diseño coreográfico y la musicalización de una creación escénica.
Las acciones relacionadas con los títeres son realizadas en su casa, dentro de un espacio acondicionado como taller. También gran parte de los ensayos se realizan en este espacio privado. Sin embargo, actualmente cuenta con la posibilidad de utilizar el espacio del Teatro Andrés Pérez para ensayos, siendo utilizado entre dos a tres veces a la semana. También ha generado alianzas con espacios comunitarios, donde se han desarrollado actividades en juntas de vecinos de Tocopilla y Valparaíso. Algunas acciones se han desarrollado de forma presencial y otras de manera virtual, como ensayos, reuniones de coordinación, intervenciones, talleres y funciones.
Ha aprendido este oficio artístico a través de colegas con diferentes tipos de experiencias. Inició sus labores como intérprete y compositora de atmósferas musicales para el Colectivo Nocktilucas, realizando también décimas de presentación. Posteriormente, fue becada por la sala de títeres “El Árbol”, en Valparaíso, para realizar su primer montaje, “El origen del sur”, dirigido por la titiritera Joselyn Glaves.
Ese mismo año ingresó a trabajar a la Compañía de Títeres Educativos Proyectico, donde profundizó en la técnica de bocón, aprendiendo sobre su técnica de animación y construcción con moldaje en planchas de espuma.
Paralelamente, ha aprendido de maestros como Daniel Huarocc y de diversos talleres gestionados por ATTICHAG. Por último, en los dos últimos cortos de títeres, “Una abuela llamada Domitila” y “Aurora”, ha trabajado bajo la dirección del destacado titiritero y cultor Esteban Hérskovitz, con quien ha aprendido sobre dirección, dramaturgia, puesta en escena y la técnica de tallado de espuma.
Los títeres significan para ella un espacio de encuentro y creación de comunidad, desde el deseo de creer que da vida a objetos inertes, pero que se llenan de sentido de acuerdo con cómo se les dé vida. Pueden otorgar sentido de pertenencia o interpelar al más incrédulo o invisibilizado. Cuando el convencimiento crea una nueva realidad, es posible ver en el títere el reflejo de los sueños y temores, de las alegrías y sinsabores, empatizando con ellos y generando una experiencia que ofrenda preguntas y reflexiones, inocentes y complejas, para toda la comunidad. Puede tener impactos curativos, educativos o simplemente de goce y encuentro para quienes participan, ya sea dentro o fuera del espacio escénico.
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