Elena Bruna Tito Tito
Alfarera
San Pedro de Atacama, Antofagasta

Elena Tito Tito nació en 1953 en el poblado de Santiago de Río Grande, en la comuna de San Pedro de Atacama, provincia del Loa, Región de Antofagasta, donde ha vivido la mayor parte de su vida. Fue criada por su abuela Pascuala, gran conocedora de la práctica alfarera que heredó y transmitió el conocimiento albergado en la familia. Elena comenzó a los cinco años a comunicarse con las figuras que creaban el barro, dando vida, desde entonces hasta el día de hoy, a una incalculable cantidad de objetos.

La técnica de alfarería de Elena Tito Tito es ancestral y se ha traspasado de generación, ya que utiliza un tipo de greda propio de su zona, que le da brillo a piezas utilitarias y ceremoniales para uso en rituales milenarios “desde que los Incas estaban en nuestras tierras”. Esta alfarería se caracteriza por sus figuras zoomorfas y antropomorfas, simples y sin pigmentos decorativos. En ellas se despliega el potencial creativo al invocar representaciones de animales como llamas, ovejas, cabras y pájaros principalmente; también se identifican los chulleros, jarras, cántaros, ollas, platos, etc., utensilios que se emplean tanto en las ceremonias religiosas como en las actividades del hogar. En el uso de estas creaciones se esconde toda la cosmovisión del pueblo licanantai, permeado por la herencia incaica en el período previo a la invasión española.

El principal y único material requerido es la greda del sector de Río Grande, también llamada ulla. Este material local es el que entrega a la cerámica sus tonos colorados, grises y algunas con trazas de oropel dependiendo del sector desde donde se lo extrae. Cabe señalar que muchos sitios de extracción del barro son de uso y conocimiento restringido, principalmente donde se encuentra el oropel. Junto al barro, Elena también necesita agua para limpiar la ulla en la primera fase de preparación del material y luego también para moldear las piezas, facilitando el trabajo de sus manos.

La recolección del barro es un largo e importante momento en la fabricación alfarera. Elena recorre poco más de diez kilómetros, a través del desierto y la montaña, para llegar a las vetas de barro. Esta tarea puede tomar días a lomo de burro, teniendo que dormir entre lampayas bajo intensas y extremas temperaturas. Para esta misión, Elena utiliza un balde para cargar el barro y una pala de madera o chuzo para extraer los trozos de la tierra.

Antes de recoger el barro y estudiar cuidadosamente las texturas, Elena realiza una pequeña ceremonia de petición y agradecimiento a la tierra “para que el uso del barro esté lleno de bendiciones”. Así, mediante cantos ceremoniales de plegarias a la naturaleza, bebe y luego challa –brinda y vierte la bebida a la tierra en señal de respeto y agradecimiento- indicando con esto la comunicación y comunión que entrelazan sus manos, el barro y los gentiles (ancestros que acompañan a través de su presencia como espíritu guardián). Este es un momento de directa conexión espiritual con sus guardianes ancestrales.

Elena está consciente del valor y la responsabilidad que implica transmitir su conocimiento a futuras generaciones. Rescata y reproduce piezas ceremoniales para llevar a diferentes encuentros de culturas, ferias, museos e instituciones. Del mismo modo, enseña y crea utensilios para comunidades vecinas, consciente de que ellas debiesen ser las principales interesadas en mantener vivas sus tradiciones y costumbres. Por lo mismo, desarrolla constantemente talleres en Calama, Santiago de Río Grande, San Pedro de Atacama y localidades colindantes para personas de diferentes comunidades. Su hija mayor es quien ha continuado el arte de la alfarería al presente.

Reconocimiento Tesoros Humanos Vivos 2015


Reconocida Tesoro Humano Vivo por desarrollar la alfarería tradicional atacameña, una práctica que se ha perdido en el norte de Chile, pese a haber sido una tradición fuertemente desarrollada. Ella destaca por su capacidad técnica y estética, a partir de una greda brillante propia de la zona, da forma a piezas utilitarias y de uso ritual. Gracias a su oficio, su contribución en la trasmisión y participación en otras actividades sociales, cuenta con gran reconocimiento comunitario en la localidad de Santiago de Río Grande, de donde es oriunda.

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