La señora Nana comenzó a cantar hace unos treinta años. Viene de una raíz profunda: sus
padres, Francisco Núñez y Edilia Silva, fueron cantores a lo divino. En su casa se celebraban las fiestas grandes: el Día del Señor en Semana Santa y la devoción a la Virgen del Carmen. Cada 16 de julio el canto se reunía en Paulún, donde Augusto Flores; y el sábado siguiente la celebración continuaba en su hogar, en Vinilla.
Esa tradición no se ha roto. Nana mantiene viva la vigilia de Canto a lo Divino a la Virgen del Carmen en su casa, con cantores invitados que llegan a prolongar la oración hasta el amanecer. Allí, la devoción lleva encendida más de cincuenta años. Uno de sus hermanos, Fidel Núñez —de Rapel de Navidad— también fue cantor a lo divino.
Su voz circula por distintos parajes. Participa en la fiesta de San Francisco en La Palmilla (Navidad Sur), canta en velorios de adultos y también acompaña los rezos en honor a Santa Rosa en Pupuya, junto a Luchito Avión. Guarda en la memoria que hace muchos años
cantó en un velorio de angelito, experiencia que aún la conmueve.
Hoy está aprendiendo a tocar guitarra. En la comuna de Navidad es costumbre que en las vigilias haya un tocador por rueda, y Nana quiere seguir ese camino para acompañar mejor sus cantos.
Junto a Isabel Mekis ha escrito versos a lo divino y a lo humano, y se sabe de memoria sus versos dedicados a la Virgen. Habla con sencillez, pero también con firmeza: desea que la juventud tome la posta, que el canto siga su curso y que nunca se olvide que, con la voz, también se alaba a Dios.