Don Cipriano Altamirano fue un destacado cantor a lo divino, nacido en Huaquén, en una familia numerosa compuesta por once hermanos hombres y una mujer. Desde pequeño creció rodeado de la música y la fe, inspirado por su padre, cantor a lo divino que, aunque no sabía leer ni escribir, componía de memoria versos.
Siguiendo con el ejemplo de su padre, Cipriano y varios de sus hermanos se formaron en el canto a lo divino. A los 12 años ya participaba en celebraciones y velorios, y con el tiempo se convirtieron en cinco hermanos cantores, recorriendo donde fueran llamados, en los cantos a los angelitos, la Santa Cruz de Mayo y la Virgen de Quilimarí.
En 1959 se trasladó a vivir a La Higuera, desde donde continuó su camino de cantor, recorriendo lugares como Los Maquis, Quilimarí, Los Cóndores, Putaendo, Los Andes, San Felipe, Quillota, entre otros. Aprendió por sí mismo a tocar y afinar la guitarra, observando con atención a otros cantores.
Don Cipriano falleció hace algunos años, pero su legado sigue vivo gracias a su familia quienes siguen recibiendo en su casa a la Virgen en su honor, invitando a distintos cantores para mantener viva la tradición y celebrar su memoria.