Francisco proviene de una familia de cantores populares. Su padre, profesor de música, fue quien abrió el camino, pero su ingreso al canto a lo poeta ocurrió con el maestro Francisco Astorga, con quien inició clases particulares en la UMCE el año 2015. Siguió asistiendo de forma periódica y mantuvo vínculo con el maestro hasta su muerte.
Es intérprete de guitarrón chileno, guitarra traspuesta y guitarra española, además de
poeta popular, con versos a lo humano y lo divino.
Actualmente reside en Rapel de Navidad, donde participa activamente en las vigilias de la Virgen del Carmen y de San Francisco. Comparte canto y versos con la cantora Isabel Mekis y con Diego Abuauad, y se reúne con las y los cantores a lo divino de la comuna. Desde hace dos años, los viernes se juntan en la plaza de Rapelauquén a cantar cuecas junto a Diego y Felipe Cabello, cantor de cuecas. Con ellos conforma el conjunto Los Afuerinos de Rapel, dedicado a cuecas y rancheras, realizando presentaciones musicales y talleres de canto tradicional cuequero. Su trabajo gira en torno a la ejecución, difusión y enseñanza de la música tradicional, moviéndose entre la autogestión y las postulaciones a fondos culturales.
Francisco también trabaja como profesor de música en el Colegio Waiwen, en La Vega de Pupuya, comuna de Navidad. Allí integra el canto a lo poeta en su programa educativo, compartiéndolo con sus estudiantes con la naturalidad de quien vive el oficio.
En el último tiempo, junto a Camila Muñoz —cantautora y profesora de música del Colegio Humboldt— co-dirige un taller de coro para adultos, dependiente de la Municipalidad de Navidad, en el salón de artes escénicas. El repertorio atraviesa lo popular y lo clásico.
Para Francisco, el canto —la comunidad de canto— es una construcción colectiva. Ser cantor o cantora significa pertenecer y sostener un tejido común. Por eso, según él, el verso adquiere verdadero sentido cuando encarna una espiritualidad popular: cada cantor con su propia mirada, su fe o su forma de entender lo sagrado, encontrándose en un plano de igualdad y respeto. Allí, en ese círculo, todo tiene cabida y el canto se vuelve casa compartida.