Don José nació en Huaquén. Siendo niño, escuchaba los cantos que acompañaban la Virgen de Palo Colorado, cuando ésta recorría las casas y los sectores vecinos: desde Los Coiles, El Manzano y Los Hornos, hasta llegar a Huaquén y, en ocasiones, continuar hacia La Ballena.
Su infancia transcurrió entre Huaquén y Villa Huaquén; cursó séptimo y octavo básico en Placilla, y luego realizó la enseñanza media en Santiago. Allí se encontraba estudiando cuando, falleció su padre. Ese hecho marcó un retorno a su tierra, donde comenzó a acercarse al canto a lo divino, siguiendo el ejemplo de sus hermanos Henry, Florentino, Fernando Vilches, Alfredo y Walo, quienes ya participaban activamente. Con su guía y con la ayuda de algunos libros, fue aprendiendo los versos y entonaciones.
También recuerda que su tío Manuel, hermano de su madre, fue cantor. Aunque nunca aprendió a tocar guitarra, escuchando y observando a otros fue comprendiendo la estructura, la melodía y el sentir del canto. A lo largo de su vida llegó a memorizar una gran cantidad de versos, aunque hoy conserva alrededor de cinco y siempre ha tenido la disposición de aconsejar a quienes recién comienzan, enseñándoles a tomar las entonaciones o a guardar el aire al cantar.
Durante años compartió con distintos cantores, entre ellos su querido compañero Don Amable, con quien solía amanecerse cantando donde los invitaran.
“Para mí el canto a lo divino es como para el huaso la cueca, ellos por tradición se identifican con la cueca, y yo me identifico con el canto a lo divino.”
Hoy, Don José participa en la Iglesia de los Nazarenos, y allí comparte con orgullo su historia:
“Ustedes saben cómo llegué a la Biblia? Por el canto a lo divino.”