A los 12 años comenzó a cantar a lo divino y a tocar la guitarra afinada por primera traspuesta. Aprendió escuchando a los más antiguos de la comuna de Litueche.
Su padre, Eduardo Pérez, cantaba a lo divino.
Su madre, Umercinda Pino, celebraba las Carmenes.
Su hermano mayor, Jorge Pérez, también canta a lo divino y vive en Talca.
Manuel Pérez, el siguiente hermano, también cantor, vive en Talca.
Elías Humberto, también cantor a lo divino, vive en Vinilla, comuna de Navidad.
Benito Pérez, del sector de Pupuya, cantor a lo divino.
Adolfo Pérez, de Risco Colorado, cantor a lo divino.
Eduardo Pérez, también de Risco Colorado, cantor a lo divino.
Pedro Pablo Pérez Pino, de Rapel, sector El Peral, también cantor a lo divino. Todos, sin excepción, cantan a lo divino.
En su juventud aprendió alrededor de 200 versos de memoria, todos a lo divino.
Junto a su esposa, Ana Núñez, celebraron dos veces a la Virgen del Carmen, cumpliendo una manda.
Siempre ha cantado en la comuna de Navidad.
Cantó junto al padre Miguel Jordá hace casi 40 años.
Don Juan comenzó a cantar después de la muerte de dos de sus hermanos menores; también una hija suya falleció al nacer.
Ha enseñado a cantar a varias personas y ha entregado cuadernos a otros cantores para que aprendan.
Para Don Juan, el canto es oración, es rezo. Le gustaría que nunca se terminara, porque —dice— el canto a lo divino convoca a tantos cantores.