Don Lorenzo comenzó su camino en el canto a lo divino a los 18 años, inspirado por el entorno musical y devoto de su familia. Sus primeras cantadas fueron en Huaquén, tierra que lo vio crecer y donde el canto siempre formó parte de la vida cotidiana.
Desde niño estuvo rodeado de voces sus tíos Julio y Faustino, junto a su padre, también fueron cantores; su madre cultivaba tanto el canto a lo divino como el canto a lo humano, y su abuelo tocaba el acordeón.
Cada verso que entona es un reflejo de ese legado, una manera de mantener viva la memoria de sus antepasados y de seguir transmitiendo el valor del canto a lo divino.